martes, 11 de marzo de 2014

PROLOGO YORK 1847

–Tengo miedo –, dijo la niña sentada en la cama. –Abuelo, ¿pue-des quedarte conmigo?   Aloysius Starkweather hizo un ruido impaciente en la parte posterior de su garganta mientras sacaba una silla cerca de la cama y se sentó. El ruido impaciente era sólo en parte verdad. Le complacía que su nieta confiara en él, que a menudo era el único que podía calmarla, su com-portamiento brusco nunca le había molestado, a pesar de su delicada naturaleza. –No hay nada que temer, Adele –, dijo –ya verás.   Ella lo miró con los ojos grandes. Normalmente la ceremonia de la primera runa habría tenido lu-gar en uno de los espacios del Instituto de York, pero a causa de los nervios frágiles de Adele y su salud, se había acordado que podría ocu-rrir en la seguridad de su dormitorio. Ella estaba sentada en el borde de la cama, con la espalda muy recta, su vestido ceremonial era rojo, con una cinta roja deteniendo el pelo fino y rubio. Sus ojos eran enor-mes en su cara delgada, con los brazos estrechos. Todo en ella era frá-gil como una taza de porcelana.   –Los Hermanos Silenciosos –, dijo. –¿Qué van a hacer conmigo?–Dame tu brazo, –dijo él, y ella extendió su brazo con confianza. Le dio la vuelta, viendo los trazos azul pálido de las venas bajo la piel. –Van a utilizar sus estelas, ya sabes lo que es una estela para dibujar una marca en ti. Suelen comenzar con la runa de Visión, que la conoces porque la has estudiado, pero en tu caso comenzarán con la runa de Fuerza  Porque yo no soy muy fuerte.–Para hacerte más fuerza.–Como un caldo de carne. –Adele arrugo su nariz. Él se echó a reír.
–Esperemos no tan desagradable. Sentirás un pequeñopinchazo, así que tienes que ser valiente y no llores, porque los Cazado-res de Sombras no lloran de dolor. Entonces, el pinchazo se habrá ido, ytú te sentirás mucho más fuerte y mejor. Y será el final de la ceremonia,vamos a ir abajo y habrá pasteles helados para celebrar.Adele se paró en sus talones.–¡Y una fiesta!–Sí, una fiesta. Y regalos. –Golpeó su bolsillo, donde estabaescondida una pequeña caja, una pequeña caja envuelta en un fino papelazul, que contenía un anillo de la familia aún más pequeño. –Tengo uno para ti aquí. Lo tendrás cuando la ceremonia haya terminado.–Nunca he tenido una fiesta para mí antes.   –Es porque te convertirás en una Cazadora de Sombras –, dijo Aloysius. –Sabes por qué eso es importante, ¿no? Tu primera marca significa que eres una Nefilim, como yo, como tu madre y padre. Quie-ren decir que eres parte de la Clave. Parte de nuestra familia de guerre-ros. Algo diferente y mejor que todos los demás.   –Mejor que todos los demás –, repitió ella lentamente mientrasla puerta del dormitorio se abría y dos Hermanos Silenciosos entraron.Aloysius vio un parpadeo de miedo en los ojos de Adele. Ella saco su mano asustada. Frunció el ceño, a él no le gustaba ver el miedo en sus descendientes, aunque no podía negar que los Hermanos eranespeluznantes en su silencio y sus peculiares movimientos. Se trasla-daron hacia un lado de la cama de Adele, la puerta se abrió de nuevo y la madre y el padre de Adele entraron: su padre, el hijo de Aloysius, entraje escarlata, y su mujer en un vestido rojo que se ceñía a la cintura,  y un collar de oro del que colgaba una runa. Sonrieron a su hija, quien les dio una sonrisa temblorosa en respuesta, mientras los Hermanos silenciosos la rodeaban.
Adele Lucinda Starkweather. –Era la voz del primer Hermano Si-lencioso Cimon. –Ya tienes edad. Es hora de que la primera marca del ángel  sea otorgado a ti. ¿Eres consciente del honor que se te da, y harás todo lo que
esté en tu poder para ser digna de ella? Adele asintió obedientemente.
–sí. Y aceptas estas marcas del Ángel, que estarán en tu cuerpo para siem-pre, un recordatorio de todo lo que le debes al ángel, y tu deber sagrado para  el mundo?
Ella volvió a asentir obedientemente.
El corazón de la Aloysius se hinchó de orgullo.
–Las acepto también –, dijo. Entonces empezamos.  La estela brillo, en la mano larga y blanca del Hermano Silencio-
so, Él tomó el brazo tembloroso de Adele y fijo la punta de la estela de  su piel, y comenzó a dibujar. Las líneas negras se arremolinaban fuera  de la punta de la estela, y Adele miró con asombro como el símbolo de
fuerza tomaba forma en el interior, un delicado diseño de líneas que se cruzan entre sí, atravesando sus venas, envolviendo su brazo. Su cuer-po se tensó, sus pequeños dientes se hundieron en el labio inferior.  Sus ojos brillaban mirando a Aloysius, y empezó por lo que vio en ellos. Dolor. Era normal sentir algo de dolor en el otorgamiento de una marca, pero lo que vio en los ojos de Adele  era agonía.
Aloysius se enderezó, tirando la silla en la que había estado sen-tado.
–¡Alto! –gritó, pero ya era demasiado tarde. La runa estaba com-pleta. El Hermano Silencioso apartó la mirada. Había sangre en la estela Adele gemia. Ella gemia consciente de la advertencia de su abuela. De que no llorara pero luego la piel lacerada y sangrienta comenzó a
quemar ennegreciendo y ardiendo bajo la runa como si fuera fuego. Y
ella no pudo evitar lanzar la cabeza hacia atrás y comenzó a gritar y
gritar.